Una boda entre naranjos en la preciosa isla de Mallorca

Celebrar una boda en Mallorca no pasa de moda, y es que esta isla tan encantadora del Mediterráneo es uno de los destinos preferidos por los novios para contraer matrimonio, ¡y más si es en alguna de las fincas que tiene este trocito de tierra!

Si, como lo lees, Mallorca no enamora al instante solamente por sus paisajes, su clima cálido o sus buenas gentes, sino también por sus fincas repletas de tradicionales piedras.

¡Por eso nuestros novios de hoy eligieron Mallorca y una finca para darse el “sí quiero”!

¿Nos acompañas a conocer cómo fue esta boda tan romántica entre naranjos?

El espacio, la finca Binigual, una finca sinigual

Esta finca fue la elegida por los novios, y es que no es una finca cualquiera, ya que esta antigua alquería dedicada a la ganadería y a la viticultura cuenta con 14 casas, ¡como una especie de aldea!

Esto quiere decir que los invitados y los novios dispusieron de un pueblo entero para ellos, ¡y rodeados de vid, cultivos tradicionales y vistas a la Sierra de Tramuntana!

Y es que para una boda entre naranjas el lugar escogido no podía ser otro que no fuera un campo lleno de naranjos.

Las mandarinas, las protagonistas de la decoración floral

¡No iba a ser menos! Y es que el ramo de la novia estaba repleto de ramas del naranjo, de un montón de hojas ovaladas de un verde muy vivo e intenso y de pequeñas mandarinas. Además, los tallos se reunían con una cinta blanca dando así un toque la mar de elegante.

Los ramos colocados en forma de centros de mesa eran como el ramo de la novia, pero con un añadido: las flores en diferentes tonos de naranja.

Una mesa presidencial llena de color

Sí, el color fue el protagonista, ¿te imaginas cuál puede ser? ¡efectivamente, el naranja!

Al lado de los centros de mesa y junto a candelabros con velas, se encontraban dos de las grandes tendencias del 2021 en decoración: la vajilla transparente con dorado y la cristalería de color, cuyas copas eran azules y naranjas, ¡los colores del Mediterráneo!

La gran tarta nupcial, ¡con mucho sabor!

Nada más y nada menos que tres pisos de puro sabor, donde obviamente se encontraba el sabor ácido de los famosos cítricos, ¡ningún invitado se puede resistir al sabor de la naranja!

Aunque, para los menos golosos, también se ofreció fruta natural, y como no… ¡naranjas para todos!

Una novia elegante, romántica y campestre

Para la ceremonia la novia eligió un vestido y para el convite otro, ¡atrevida y arriesgada!

El de la ceremonia estaba formado por una manga ¾ de tul plumeti acompañado de puntillas, una transparencia que también se podía ver en la cintura y en el pecho. La leve cola y toda la parte inferior del vestido estaba compuesta por tela de gasa, lo que dotó a la novia de gran libertad de movimiento y comodidad en su día más especial.  

Para el convite, la elección fue la de un vestido más informal. Este era de manga corta, con una espalda repleta de puntillas y transparencias y una falda con mucho volumen que simulaba un cancán. ¡Igual de cómodo y ligero que el primero!

En cuanto al maquillaje, la apuesta fue sencilla, predominando los tonos rosáceos en las sombras al igual que en los labios.

Respecto al peinado, la novia optó por dejarlo todo suelto, aunque lleno de ondas. Como toque se puso una fina corona que simulaba pequeñas hojitas verdes y pequeñas mandarinas, y así… ¡melena al viento, y a vivir el momento! Pero la sorpresa fue cuando la novia apareció con una gran pamela de esparto, ¡estaba increíble!

Para el calzado, la novia tenía claro que tenía que ser cómodo para aguantar todo el día, es por ello que se decantó por unas cuñas de esparto atadas al tobillo en tono blanco.

Un novio mimetizado con el entorno

Este novio elegante era de los que les gustaba la diferenciación, por eso salió del típico azul marino y del negro y apostó por el blanco y el color crema.

La elección fue un traje beige a juego con la pajarita y una camisa blanca, y para los zapatos unos muy cómodos de piel marrón oscura. ¡Perfecto para un entorno puramente Mediterráneo!

¡Y no olvidemos las invitaciones, las tarjetas de comensales y el menú!

Una boda no comienza hasta que se reparten las invitaciones, y las elegidas por estos novios eran en tonos claros, como el blanco o el rosa pastel, con una caligrafía cursiva, al igual que las tarjetas de comensales y el menú, que seguían el mismo patrón.

El toque de color lo pusieron los dibujos pintados de naranjas que daban alusión al espacio y temática de la celebración.

¿Qué opinas de tener una boda entre naranjas y además en la famosa isla de Mallorca? ¡Si quieres una, no dudes en contactarnos en Perfect Venue! Porque no ponemos desde ya con todos los preparativos.

¡Te esperamos!

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